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Artículo de Matrix

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Artículo de Matrix

Mensaje por Rea el Jue 02 Feb 2012, 21:08

Me gusta hacer catarsis con la ficción. Sin caer en el culto o fanatismo, por supuesto.
Y buscando una reseña de la triología, que profundizara en su argumento, encontré este artículo..
MATRIX

Aparte de hacer una reseña de las películas, y haciendo referencia a su origen en el comic, como a su alternativa en la animación.. hacen comparaciones teológicas y filosóficas muy interesantes.

Eso es todo.. quería compartirlo. Vean ustedes si les va..
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Re: Artículo de Matrix

Mensaje por Rea el Miér 08 Feb 2012, 00:35

Por falta de tiempo y ganas, en el momento, copié y guardé lo que me interesó.. porque quería remarcar algunos fragmentos.

Acá les dejo la extracción del artículo que quería compartir:


La filosofía y el cine son mundos estrechamente relacionados, pues ambos se sostienen en la agotadora actividad de tener ideas, eso que se llama pensar.

Las aventuras de Neo nos remiten al Mito de la caverna de Platón.
Imaginemos unos hombres que desde su nacimiento viven dentro de una caverna. En ella tienen encadenados las piernas y el cuello de tal modo que sólo pueden mirar hacia delante, contemplando una pared de la caverna. La situación inicial es muy parecida a la de Matrix. La cárcel que se imagina en ambas ficciones tiene totalmente inmovilizados a sus habitantes desde que nacen. Ese mundo estático es el primer paso para construir una “realidad” distinta. Tanto Neo como los cavernícolas de Platón carecen de libertad para acceder a la realidad, y por eso mismo se les puede imponer una “realidad” arbitraria. No tienen opción, sólo pueden mirar en una dirección.

En el caso de Platón todo el mito es una alegoría. La caverna es donde vivimos los hombres, el mundo terrenal, que para Platón era engañoso, un mundo de sombras. Pero existe otra realidad, la abstracta, llena de luz, que está llena de satisfacciones y a la que sólo se puede acceder mediante el cultivo de la filosofía. Ser filósofo, en sentido platónico, es vivir en otra realidad.

Los hombres de la caverna reciben desde atrás la luz de un fuego que arde a sus espaldas. Entre el fuego y los encadenados hay un camino por el que pasan hombres que portan sobre sus cabezas objetos y artefactos de todo tipo. Algunos de los porteadores hablan entre sí. Los hombres encadenados oyen esas voces, pero sólo verían, gracias a la luz del fuego, las sombras de los objetos que se proyectan sobre la pared de la caverna que queda frente a ellos.

Imaginemos ahora que esos prisioneros de la cueva pudieran conversar entre sí. ¿Pensarían que son prisioneros? No, puesto que no conocen otro tipo de vida. Creerían que la realidad es sólo aquello que ven: las sombras sobre la pared. Para ellos las sombras serían reales. Pensarían que las voces de los porteadores proceden de las sombras. Y quizás entre ellos habría elogios para el que distinguiese mejor las sombras o para el que predijese con acierto qué sombra iba a pasar a continuación.

En psicología, un ensayo práctico de algo parecido a lo que propone Platón se denomina “experimento prohibido”. Es decir, que nunca sabremos si unos sujetos enclaustrados de ese modo serían susceptibles de ser engañados tan cruelmente. Pero es lógico pensar como Platón: no sospecharían la verdad. En Matrix es más evidente que nadie sospecha nada. ¿Qué sería de Neo sin Morfeo, sin un conejo blanco que le enseñara el País de las maravillas?

Cabe preguntarse si en Matrix o en la caverna todo es irreal. ¿Son la envidia, el amor, el esfuerzo o el sufrimiento también irrealidades dentro de esos mundos fantasmas? Supongamos que Neo tuviera padres, hermanos o amigos dentro de “Matrix”, ¿los sentimientos hacia ellos serían reales? Y los prisioneros de la caverna, ¿no establecerían relaciones afectivas auténticas entre sí?

El periplo de Neo a través de los dos universos, tras el cual sufrirá una auténtica mutación de personalidad, nos hace pensar que incluso ese mundo sentimental existente en Matrix es imaginario. Todo es alienación.

En contra de esta opinión está la descorazonadora teoría del agente Smith: “Como especie los seres humanos definen su realidad con el sufrimiento y la tristeza”. Pesimista y contundente definición. No es sólo la interpretación de un programa informático; según Smith, Matrix ha sido diseñada por la Inteligencia Artificial siguiendo los cánones humanos sobre la realidad.

Y ahora pensemos que uno de los cautivos de la caverna platónica es liberado, y sale de la caverna. Primero el sol le deslumbraría y sería incapaz de ver lo que hay a su alrededor. Si en ese momento se le dijera que antes veía naderías y que ahora puede ver la auténtica realidad pensaría que lo que veía antes es más verdadero que lo que ahora se le muestra.

Platón se refiere al filósofo, al sabio, al único que puede acceder a la auténtica realidad, a la verdad. El filósofo, como el “Elegido” en Matrix, es alguien que no desea serlo, puesto que la verdad es muy dolorosa e ingrata, pero su naturaleza -el Destino se dice en la película- le obliga a andar ese camino que sube hasta el exterior de la caverna, iluminado por el sol, que simboliza la verdad. Es de reseñar ese carácter de obligatoriedad que se da en ambos casos. El prisionero es obligado literalmente a subir a la luz. A Neo se le da a elegir entre dos pastillas, pero es engañado astutamente, seducido por la curiosidad, ya que hasta que no ha tomado la pastilla roja no se le informará de la verdad. Ni el cavernícola ni Neo aceptarían la terrible realidad si no es a la fuerza.

La verdad, como el sol, es cegadora, y tanto el cautivo liberado como Neo repudian en un primer momento lo que se les enseña.
-No te dije que fuera fácil, Neo, te dije que sería la verdad –le dice Morfeo.
No creo en vosotros. No creo nada. No me lo creo.
Neo llega a vomitar ante lo insoportable de la verdad. Su mundo, igual que el del cavernícola, ha estallado en mil pedazos.

El prisionero liberado acostumbraría su vista al nuevo mundo y se daría cuenta de la verdad. Acordándose de su vida en la caverna se felicitaría por el cambio, compadecería a los que todavía viven allí y no tendría envidia de los que allí abajo recibían más elogios por discernir mejor las sombras.

El darse cuenta de que la realidad en la que uno ha vivido era un engaño lleva primero a la decepción que hemos visto, pero ¿y después? Aunque en el mito parece que enseguida el cavernícola se habitúa a la auténtica realidad y logra la felicidad, para Platón el proceso por el que un hombre se transformaba en filósofo, en alguien que aceptaba la verdad, era muy lento (una labor de lustros) y no estaba exento de problemas y peligros que hacían dudar del éxito. El mundo de las sombras siempre es tentador, y por eso el cavernícola liberado también desea volver a su cueva. El encontrar satisfacción en la verdad es pues algo que requiere esfuerzo. El sabio lleva una vida plena, pero la consigue con un sacrificio enorme.

De la misma manera, Neo no encuentra las ventajas de saber la verdad. El mundo fuera de Matrix es sórdido y desesperante, más angustioso que la falsa vida en el programa informático. Oscuridad, suciedad, ansiedad...“Bienvenido al desierto de lo real”, le dice Morfeo.
Cifra hace suyo el tópico “la ignorancia es la felicidad” para referirse a su deseo de no haber conocido nunca la verdad. Neo, sin embargo, presiente que no sabe toda la verdad, que hay que realizar un esfuerzo mayor. La verdad es que él mismo, su personalidad, es también un engaño, una creación de Matrix, y sólo al final de la película, cuando realice el sacrificio de desprenderse de esa personalidad alienada, asumirá toda la verdad. Cifra, sin embargo, no renuncia nunca a su Yo, a su personalidad construida en Matrix, y por eso deseará vivir allí donde su Yo le arrastra.

La principal diferencia entre los protagonistas del Mito de la caverna y Matrix es que en el primer caso hablamos de un filósofo y en el segundo de un héroe. El Mito de la caverna no tendría mucho gancho de llevarse al cine sin modificaciones, pues una película atractiva debe tener un héroe como protagonista. La hazaña del filósofo es intelectual, es decir, aburrida, la del héroe es también intelectual, una lucha contra sí mismo, pero se complementa con la existencia de enemigos exteriores reconocibles por el público a través de los cuales el héroe se va transformando precisamente en eso, en un héroe.

Y si por compasión el hombre que salió de la caverna volviera a ella para contar a sus antiguos compañeros su descubrimiento, ¿no se reirían de él? Y si intentase liberarles y conducirles hacia arriba, ¿no intentarían matarle?.

En el final del mito Platón se refiere a un hecho real que seguramente inspiró la escritura del mismo. Sócrates, el maestro de Platón, reflejó tanto en su vida como en su muerte la figura del sabio. Platón idolatraba a Sócrates y le consideraba un auténtico filósofo, un hombre que saliendo de la caverna del mundo cotidiano, se había situado por encima de las mentiras sociales y había vislumbrado otro mundo más real que éste. Pero cuando Sócrates intentó compartir su sabiduría con los demás hombres éstos le condenaron a muerte y le mataron. La muerte de Sócrates no deja de ser una consecuencia lógica del carácter de la verdad. Si un filósofo, a pesar de estar especialmente capacitado para aceptar la realidad tal y como es, necesita mucho tiempo y disciplina para ello, una persona normal reaccionará violentamente cuando le quieran cambiar todos sus esquemas.

Neo se tendrá que enfrentar al mismo peligro como bien le advierte Morfeo: “La mayoría de las personas no están preparadas para ser desactivadas, incluso lucharían para proteger Matrix”. Cifra es un ejemplo de ello.

En la base de ambas historias se halla la misma interrogación fundamental, la misma pregunta que ya se hicieron los primeros filósofos: ¿QUÉ ES LA REALIDAD? Es esta una pregunta que recorre toda la historia de la filosofía, desde los Presocráticos hasta Heidegger y la actual Postmodernidad, y es la misma interrogación que recorcome a Neo, aunque planteada de otra forma: ¿qué es “Matrix”?

¿Qué es la realidad? La pregunta ha hecho derramar abundante tinta y ha provocado muchos dolores de cabeza. Al abordar la investigación de una respuesta nos hallamos con dos tipos de dificultades.

En primer lugar conocemos la realidad a través de la percepción, y son de sobra conocidos los problemas perceptivos: poca fiabilidad de los cinco sentidos, ilusiones y alucinaciones ópticas, y sobre todo el reconocimiento de que los cinco sentidos sólo nos ofrecen una perspectiva muy parcial y subjetiva de todo lo existente. Un hombre, un murciélago, una tarántula y una ostra perciben cada uno una realidad distinta, puesto que la perciben con sentidos distintos. Morfeo, uno de los filósofos del film, también señala algunos de esos problemas en el momento de tratar de responder a la misma pregunta.

Las objeciones que realizaba Descartes a la percepción se relacionan directamente con el personaje de Neo. Por un lado reconocemos la fuerza con que algunos sueños se nos presentan y que no nos permiten discernir si estamos soñando o estamos despiertos. ¿Y si todo fuera un sueño? Son palabras de Descartes que en el film aparecen primero en boca de Neo y después de Morfeo. Al principio de la película, ¿no está acaso Neo soñando, pensando que vive en la realidad?

La hipótesis de Descartes acerca de la existencia de un genio maligno de gran poder que falseara la realidad, que nos engañara siempre, incluso cuando sumamos dos más dos, se extrapola en Matrix los engendros malévolos surgidos de la Inteligencia Artificial que engañan al ser humano sin que este sea consciente del engaño. Si realmente estuviera nuestro cerebro conectado mediante interfaces a un ordenador sin nosotros saberlo, ¿no sería sencillísimo hacernos creer que dos más dos son cinco?

Como bien nos recuerda Morfeo, el problema de la percepción se circusncribe al cerebro. Si definimos la realidad como lo que hay en nuestro cerebro, entonces captamos sin más la realidad (que se reduce a la interpretación de impulsos eléctricos), pero si definimos la realidad como lo que hay fuera de nuestros cerebros, entonces no tenemos la más mínima idea de si captamos algo parecido a eso que hay fuera. Los sentidos no existen para reflejar la realidad exterior, sino para la preservación de la especie; para el cerebro es mejor tener una información falsa pero adaptativa, que una información verdadera pero desadaptativa.

En segundo lugar la pregunta “¿qué es la realidad?” se enfrenta a los problemas del lenguaje. Después de millones de años de evolución nuestra mente es increíblemente compleja y resulta que ya no accedemos al mundo sólo a través de los cinco sentidos, sino también, y quizás en mayor medida, a través del lenguaje, que se relaciona directamente con nuestra capacidad perceptiva: la palabra es parte esencial de la percepción. Habitamos en el lenguaje, y las palabras son un arma extraordinaria para escamotear la verdad. Del lenguaje surgen conceptos como Dios, alma, yo, bien, mal, materia, energía, fuerza, átomo, sustancia, esencia, causa, etc, cuya conexión con la realidad ha sido puesta en duda desde hace tiempo, aunque millones o miles de millones de personas crean o sigamos creyendo en su absoluta autenticidad.

Platón se ocupó bastante más de los problemas perceptivos de la realidad que de los del lenguaje, y Nietzsche, por ejemplo, le dio mucha más importancia al lenguaje como instrumento de falseamiento del mundo, hasta el punto de que con su conocido deseo de matar a Dios expresaba fundamentalmente el deseo de asesinar la gramática.

La película también realiza una incursión atrevida en este mundo del lenguaje, de los problemas semánticos. Eso es lo que ocurre con el concepto de Yo en el film. El problema filosófico del Yo comenzó en Occidente con Descartes, quien lo utilizó como fundamento de su filosofía. Desde Descartes entendemos por Yo la propia subjetividad, la conciencia permanente de una identidad personal, la personalidad.

El personaje de Neo sufre una transformación a lo largo de la película; Descartes siguió una trayectoria similar: comenzó a dudar de toda la realidad apoyándose en los problemas perceptivos, en la fuerza de los sueños y en su hipótesis del genio maligno. Pero acabó encontrando un punto de apoyo que él consideraba de una solidez innegable: podía dudar de todo menos de su propio Yo. Aunque resultará engañado por la percepción, los sueños o un genio maligno, era indudable que era su Yo el que era engañado. El Yo permanecía a pesar de todo.

En el caso de Neo la duda cartesiana se radicaliza aun más y por eso su evolución a lo largo del film está llena de inseguridades y vacilaciones. Su Yo forma parte también de ese engaño, está edificado sobre los cimientos de Matrix, y es por ello un artificio más. No puede confiar ni en sí mismo, porque intuye poco a poco que los ardides y artimañas de Matrix le acompañan a su pesar.

Morfeo le pregunta: “¿Crees en el Destino?”, y Neo responde ingenuamente: “no me gusta la idea de no ser Yo el que controle mi vida”. Más adelante se lamentará: “Morfeo creía que Yo era algo que no soy”. “Yo no soy el elegido”, concluye . Esa es una de las trampas de Matrix, la creencia en el Yo, el hacer creer a sus habitantes que ese Yo controla sus vida. Paradójicamente, la libertad de pensamiento y la confianza del hombre en que controla su destino, en que es un Yo con autonomía, características de las que se siente orgullosa nuestra civilización occidental, se convierten así en un poderoso mecanismo de control. Siempre que Neo dice “Yo”, “Yo”, “Yo”, está engañándose, pues su Yo no existe. Por eso presiente que en su interior hay algo que pugna por salir, una fuerza inconsciente ahogada por Matrix, controlada por Matrix, por el Yo. Paralelamente, el agente Smith sufrirá el proceso inverso, se irá individualizando cada vez más hasta crearse una personalidad, lo cual le conducirá a la derrota final.

El filósofo David Hume realizó hace 250 años una crítica suspicaz a ese Yo psicológico, pero ya en Oriente la idea de que el Yo no existe está arraigada desde hace milenios. El hinduismo y el budismo consideran una equivocación el concebir que existe una unidad permanente que sea un elemento constitutivo del hombre. El propio Buda pensaba que esta concepción de sí mismo llevaba a que las personas fueran egoístas, padecieran de ansiedad, y que por lo tanto sufrieran. Por eso enseñó a negar la existencia de un alma permanente.

Neo debe orientalizarse para dejar de ser Thomas Anderson. Y ese proceso de desprendimiento de su Yo comienza en el mismo inicio de la película, cuando trapichea con CD´s piratas.
El agente Smith interroga a Neo al principio de la película y le acusa de llevar una doble vida: por un lado es Thomas Anderson, oficinista intachable, y por otro es un pirata informático que se hace llamar Neo. “Una de esas vidas tiene futuro, la otra no”, le dice amenazante. La Inteligencia Artificial no puede permitir que sus fuentes de energía se descontrolen, por eso tienen que reforzar el control sobre él.

Tiene que nacer de su interior otro ser que renuncie al Yo, que renuncie a Matrix. A lo largo del film veremos la imagen de Neo reflejada en multitud de lugares. Todos esos desdoblamientos que nos ofrecen las imágenes reflejadas inciden en esa escisión que tiene lugar dentro del protagonista.

La visita al Oráculo será decisiva en ese viaje de sabiduría. “Conócete a ti mismo”, reza en el marco de la puerta de la cocina, como si hubiera retrocedido 2500 años y fuera el propio Sócrates quien se encontrara ante el templo de Delfos. Ese lema invitaba a los griegos a tener conciencia de los propios límites ante los dioses, es decir, conoce lo que en ti está determinado por fuerzas cósmicas, asume que tu Yo no controla tu vida, acepta el Destino. Neo no entiende ese significado y sigue pensando en términos individualistas. El Oráculo se da cuenta de que Neo no renuncia a Matrix y por eso le dice irónicamente: “No tienes que preocuparte, porque en cuanto salgas por esa puerta vas a sentirte mejor. Recordarás que tú no crees en esas tonterías del Destino ya que Tú controlas tu propia vida”. La contradicción tiene sentido: decirle que es el elegido reforzaría su Yo, le alejaría de su destino, ahogaría el héroe que hay dentro de él. Un héroe sólo lo puede ser a su pesar, de manera inconsciente, independientemente de su Yo.

Y así Neo está ya dispuesto sin saberlo a ser ese semidiós en el que creen sus compañeros. Como le había aconsejado Morfeo, ya no piensa, simplemente actúa, se deja llevar por su instinto. El momento simbólico que recoge la transformación definitiva es la lucha con el agente Smith. Cuando Neo está a punto de sucumbir en las vías del metro, el agente Smith le dice: “Adiós, señor Anderson”. “¡Mi nombre es Neo!”, responde él con rabia.

Neo está a punto de nacer, a punto de desarraigarse definitivamente de Matrix, de su Yo. Pero para ello Thomas Anderson tiene que morir realmente en el falso universo. Así ocurre ante la sorpresa del propio Neo. Hay un último obstáculo para abandonar Matrix, una duda desesperada que Neo mantiene con respecto a la auténtica realidad: ¿es el amor algo real o sólo existe en Matrix? El amor es lo único a lo que no puede renunciar, lo que le haría regresar a Matrix. Será Trinity en funciones de Vírgen María la que salvará con su ternura ese último escollo, y logrará que su amado resucite como Neo, un hombre que ya no es un individuo, que no es un Yo, sino un instrumento del Destino.


Hay algo inherentemente en el hecho de tomarse en serio el fundamento filosófico de la saga de Matrix y de discutir sus implicaciones. Los hermanos Wachowski, que han escrito y dirigido las películas, no son filósofos, sino dos tipos que flirtean con y explotan, a menudo de forma confusa, algunas ideas postmodernas' y New Age puestas al servicio de la ciencia-ficción. Pero Matrix es una de esas películas que funcionan como una especie de test de Rorcshach, poniendo en juego el proceso universalizado de reconocimiento, como las típicas imágenes de Dios que parecen estar mirándote siempre de frente independientemente de desde dónde las mires tú; así, casi cualquier tendencia parece reconocerse en ella.

De todas formas, lo interesante es leer las películas de Matrix no como si contuvieran un discurso filosófico consistente, sino como si dieran cuenta, en sus mismas inconsistencias, de los antagonismos de nuestros dilemas ideológicos y sociales.


La imperfección de nuestro mundo es por lo tanto, al mismo tiempo señal de su virtualidad y de su realidad. Relacionada con esta inconsistencia se encuentra la ambigüedad de la liberación de la humanidad anunciada por Neo en la última escena de la primera película.

De una manera adorniana, estas inconsistencias de la película son sus momentos de verdad: señalan los antagonismos de nuestra experiencia social tardo-capitalista, antagonismos que se refieren a parejas básicas como realidad y dolor (la realidad como aquello que perturba el principio de placer), y libertad y sistema (la libertad como aquello sólo posible dentro de un sistema que impide su pleno desarrollo). Pero la potencia última del film reside en un nivel distinto. El impacto sin igual de la película reside no tanto en su tesis central (que aquello que experimentamos como realidad es una realidad virtual y artificial generada por Matrix, un mega-ordenador conectado directamente a nuestros cerebros), como en su imagen central de millones de seres humanos que llevan una vida claustrofóbica en cunas cubiertas de agua y que son mantenidos con vida con el propósito de generar electricidad.
Así que cuando (alguna) gente despierta de su prisión, su despertar no es una salida al vasto espacio de la realidad externa, sino la toma de conciencia horrible de su encierro, en el que cada uno de nosotros es de hecho un organismo fetal, inmerso en un fluido prenatal.

También aparecen dudas sobre las dos figuras proféticas fundamentales. ¿Son las visiones de Morfeo verdaderas o se trata de un loco paranoico que impone cruelmente sus alucinaciones? Neo no sabe si puede confiar en el Oráculo, una mujer que prevé el futuro: ¿está también ella manipulando a Neo con sus profecías?
Y ¿qué decir de las afirmaciones crípticas del Arquitecto de Matrix, el programador de su software, su Dios? Éste informa a Neo de que está viviendo de hecho en la sexta versión actualizada de Matrix: en cada una de ellas ha aparecido una figura salvadora, pero sus intentos de liberar a la humanidad terminaron en una catástrofe de enorme magnitud. ¿Es la rebelión de Neo, no un acontecimiento único, sino parte de un ciclo mayor de perturbación y recuperación del Orden?

El final de la película nos proporciona un giro suplementario, cuando Neo, de forma mágica, detiene las máquinas en forma de calamar que atacan a los humanos limitándose a levantar la mano. ¿Cómo consigue hacerlo en el desierto de lo real, no en Matrix donde, por supuesto, puede hacer maravillas? ¿Indica esta inconsistencia inexplicada que todo lo que hay es generado por Matrix, que no hay realidad última? Aunque semejante tentación postmoderna -la salida fácil a la confusión ontológica- debe ser rechazada, hay una intuición correcta en esta complicación de la división simple y directa entre la realidad real y el universo generado por Matrix. Incluso si la lucha tiene lugar en la realidad real, la batalla clave hay que ganarla en Matrix, razón por la que los humanos vuelven a entrar en el universo virtual.

Para ponerlo en términos del viejo par marxista infraestructura/superestructura: deberíamos tener en cuenta la irreductible dualidad. Por un lado, los procesos socio-económicos -materiales y objetivos- que tienen lugar en la realidad; así como, por otro lado, el propio proceso político-ideológico. ¿Que pasaría si el dominio de lo político es inherentemente estéril, y sin embargo es crucial en la transformación de la realidad? Así que, aunque la economía sea el lugar real y la política un teatro de sombras, la batalla principal ocurre en el dominio de la política y la ideología.

El título de Matrix Reloaded es por lo tanto apropiado: si la primera parte estaba dominada por el impulso de salir de Matrix, de liberarse de las propias ataduras, la segunda parte deja claro que la batalla tiene que ganarse dentro de Matrix, que hay que volver a ella.
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