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Entrevista: Mónica Garaycoechea, entrenadora de la feminidad
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03062010
Entrevista: Mónica Garaycoechea, entrenadora de la feminidad
Mira qué bien, ahora que se nos ha llenado el foro de mujeres...
fuente: http://www.lavanguardia.es/lacontra/lacontra.html
Mónica Garaycoechea, entrenadora de la feminidad
"Soy la diosa Afrodita, soy jugosa y hago jugosa la vida"
(03/06/2010 - La Vanguardia)
´Diosa interior´
No recuerdo haber entrevistado antes a una diosa. Me ha advertido de que es muy Afrodita: "Me place gesticular y moverme al expresarme". Bienvenida sea Afrodita: gusta porque se gusta. Me ha dicho que toda mujer consciente de su diosa resulta más atractiva y goza de entregarse al hombre de masculinidad consciente ("el que sabe estar presente, atento, penetrante, creando el espacio para que la mujer sea más mujer..."). Lo dice con una sensualidad femenina serena y turbadora. Viene a España a impartir sus talleres (www.CoachDesdeLoFemenino. com) para mujeres al reencuentro de su feminidad abandonada (www.marialuisabecerra. com) y despertar así a su diosa interior.
Tengo 54 años, ¡me encanta mi edad! Nací en Madrid y vivo en Florida. Soy médico. Tengo un hijo. Estaba casada, triunfadora, hogar perfecto..., e insatisfecha. Hoy, reconciliada con mi feminidad, soy feliz. ¿Política? Evolución personal. ¿Dios? Yo prefiero descubrir a creer
-¿Estoy ante una diosa?
En el interior de cada mujer palpita una diosa... pero olvidada. Por suerte, toda mujer puede rescatar a su diosa.
-¿Lo ha hecho usted?
Estoy haciéndolo..., ¡y nunca como ahora me había sentido tan dichosa como mujer, tan a gusto en mi feminidad!
-¿Qué le pasaba antes, Mónica?
Antes yo me avergonzaba de mi feminidad. Me incomodaban mis caderas, mi talle, mis pechos, mis curvas, mi útero, mis menstruaciones, mi sensualidad... Sentía antipático, ridículo y odioso lo propio de la feminidad.
-¿Por qué cree que le pasaba eso?
Porque el pensamiento hegemónico –patriarcal– nos empapa a todos: lo femenino, pues, ha sido percibido como extraño, oscuro, inquietante y, por tanto, amenazante. ¡Y las propias mujeres nos hemos sentido violentas con nuestra natural feminidad!
-¿Hasta qué extremo?
Hasta negárnosla. La lucha feminista, focalizada en la igualdad jurídica con el hombre, creyó que había que sacrificar feminidad.
-¿Abomina usted del feminismo?
¡No! Lo agradezco, puesto que era del todo necesario. Pero hoy ya podemos reivindicar esa igualdad jurídica sin sacrificar por ello nuestra sensualidad femenina, nuestra originaria feminidad, nuestra esencia.
-¿Aún hay mujeres que se niegan?
Mujeres arrastradas por su rol social ciegan la fuente de su feminidad para ser reconocidas por baremos de valores masculinos.
-¿Qué les diría a esas mujeres?
Que frenen..., o las frenará la vida. Como a mí: yo era una mujer casada con un hombre de éxito, con un bebé hermoso, hogar agradable, reconocida profesionalmente como dentista, buenos ingresos, hacía de todo..., pero me sentía hondamente insatisfecha.
-¿Qué le impedía ser feliz?
Había vivido desde niña de acuerdo con cierto guión: llegaría un hombre poderoso y rico y formaríamos una pareja maravillosa... Un cuento muy común. Que interpreté... hasta que me faltó algo.
-¿Qué era?
Que no tenía nada que dar. ¡Sólo pedía! Lo fui descubriendo tras mi divorcio, sacudida traumática... que me despertó. Practiqué meditación zen, que me ayudó a desprenderme de mis lastres de racionalidad práctica... y empecé a vivir en el cuerpo femenino.
-¿En qué consiste eso?
Sentí que había desdeñado mi feminidad como algo inferior, irracional y manipulador, yme apliqué en honrar esa feminidad. Y así conseguí tener algo que dar: ¡el regalo sagrado y divino de mi feminidad!
-¿Y cómo da usted ese regalo?
Disfruto de las formas, celebro mis formas, siento y honro mi útero, soy consciente de su sabiduría, que es la de la naturaleza creadora... Siento a la diosa: he evaporado todo miedo a vivir, ¡me reconecto con el poderoso fluir de la vida! Estoy a gusto, así que ahora estar a mi lado es agradable. Eso es verdad. Y por eso imparto talleres para inspirar en las mujeres su feminidad, para que experimenten a sudiosa interior: danzamos, visualizamos, nos expresamos corporalmente, sanamos nuestra feminidad malherida... Y, ya féminas conscientes, identificamos y activamos nuestros arquetipos femeninos.
-¿Qué arquetipos son esos?
En cada mujer predomina un arquetipo de diosa: saberlo nos ayuda a conocernos mejor... y a respetarnos entre mujeres. Es que, si no, ¡una mujer Atenea despreciará siempre a una mujer Afrodita...!
-¿Las diosas de la mitología griega?
Atenea, Afrodita, Artemisa, Deméter, Perséfone, Hera, Hestia... Cada una de estas diosas griegas simboliza un aspecto de la feminidad. Y cada mujer las contiene a todas..., pero en cada mujer habrá siempre alguna de estas diosas que mande. ¡Así que conviene identificarla, ser muy consciente de ella!
-¿Cuál manda en usted?
Afrodita, diosa de la sensualidady del amor, conectada a la belleza de la vida. Yo siento mucho, no soy nada reseca: soy jugosa y hago jugosa la vida.
-¿Es usted –perdóneme– casquivana?
Lo sería una Afrodita inconsciente: se enamora del hombre inapropiado, se desenamora, se vuelve a enamorar de otro inapropiado..., y sufre. Yo no: soy Afrodita consciente, es decir, completa ya por mí misma.
-¿Y cómo es la diosa Atenea?
La planificadora, empresaria, negociante, mental... Una mujer no consciente del predominio de su Atenea corre un riesgo: desconectarse de su propio cuerpo.
-¿Y cómo opera la diosa Deméter?
Es la madraza cuidadora, acogedora, nutridora, protectora. Y la mujer no consciente de su Deméter puede acabar reduciendo su vida a sus hijos..., dañándose a ella y a ellos.
-¿Y si manda la diosa Perséfone, qué?
La mujer será hipersensible, intuitiva, casi ingenua, encantadora, complaciente... y, si no es consciente de ello, fácilmente víctima.
-¿Y qué tal se porta Artemisa?
Es defensora de débiles y sanadora, muy independiente: la mujer consciente de su Artemisa es sabia. Pero, si no lo es, puede acabar por olvidarse de entregarse al amor.
-¿Y qué me dice de la diosa Hera?
Hace de una mujer la esposa ideal (en su rol social de lealtad intachable), pero corre un riesgo: olvidarse de nutrir al hombre que hay en su marido. Y este hombre, claro, acabará encontrando una Afrodita por ahí...
fuente: http://www.lavanguardia.es/lacontra/lacontra.html
Mónica Garaycoechea, entrenadora de la feminidad
"Soy la diosa Afrodita, soy jugosa y hago jugosa la vida"
(03/06/2010 - La Vanguardia)
´Diosa interior´
No recuerdo haber entrevistado antes a una diosa. Me ha advertido de que es muy Afrodita: "Me place gesticular y moverme al expresarme". Bienvenida sea Afrodita: gusta porque se gusta. Me ha dicho que toda mujer consciente de su diosa resulta más atractiva y goza de entregarse al hombre de masculinidad consciente ("el que sabe estar presente, atento, penetrante, creando el espacio para que la mujer sea más mujer..."). Lo dice con una sensualidad femenina serena y turbadora. Viene a España a impartir sus talleres (www.CoachDesdeLoFemenino. com) para mujeres al reencuentro de su feminidad abandonada (www.marialuisabecerra. com) y despertar así a su diosa interior.
Tengo 54 años, ¡me encanta mi edad! Nací en Madrid y vivo en Florida. Soy médico. Tengo un hijo. Estaba casada, triunfadora, hogar perfecto..., e insatisfecha. Hoy, reconciliada con mi feminidad, soy feliz. ¿Política? Evolución personal. ¿Dios? Yo prefiero descubrir a creer
-¿Estoy ante una diosa?
En el interior de cada mujer palpita una diosa... pero olvidada. Por suerte, toda mujer puede rescatar a su diosa.
-¿Lo ha hecho usted?
Estoy haciéndolo..., ¡y nunca como ahora me había sentido tan dichosa como mujer, tan a gusto en mi feminidad!
-¿Qué le pasaba antes, Mónica?
Antes yo me avergonzaba de mi feminidad. Me incomodaban mis caderas, mi talle, mis pechos, mis curvas, mi útero, mis menstruaciones, mi sensualidad... Sentía antipático, ridículo y odioso lo propio de la feminidad.
-¿Por qué cree que le pasaba eso?
Porque el pensamiento hegemónico –patriarcal– nos empapa a todos: lo femenino, pues, ha sido percibido como extraño, oscuro, inquietante y, por tanto, amenazante. ¡Y las propias mujeres nos hemos sentido violentas con nuestra natural feminidad!
-¿Hasta qué extremo?
Hasta negárnosla. La lucha feminista, focalizada en la igualdad jurídica con el hombre, creyó que había que sacrificar feminidad.
-¿Abomina usted del feminismo?
¡No! Lo agradezco, puesto que era del todo necesario. Pero hoy ya podemos reivindicar esa igualdad jurídica sin sacrificar por ello nuestra sensualidad femenina, nuestra originaria feminidad, nuestra esencia.
-¿Aún hay mujeres que se niegan?
Mujeres arrastradas por su rol social ciegan la fuente de su feminidad para ser reconocidas por baremos de valores masculinos.
-¿Qué les diría a esas mujeres?
Que frenen..., o las frenará la vida. Como a mí: yo era una mujer casada con un hombre de éxito, con un bebé hermoso, hogar agradable, reconocida profesionalmente como dentista, buenos ingresos, hacía de todo..., pero me sentía hondamente insatisfecha.
-¿Qué le impedía ser feliz?
Había vivido desde niña de acuerdo con cierto guión: llegaría un hombre poderoso y rico y formaríamos una pareja maravillosa... Un cuento muy común. Que interpreté... hasta que me faltó algo.
-¿Qué era?
Que no tenía nada que dar. ¡Sólo pedía! Lo fui descubriendo tras mi divorcio, sacudida traumática... que me despertó. Practiqué meditación zen, que me ayudó a desprenderme de mis lastres de racionalidad práctica... y empecé a vivir en el cuerpo femenino.
-¿En qué consiste eso?
Sentí que había desdeñado mi feminidad como algo inferior, irracional y manipulador, yme apliqué en honrar esa feminidad. Y así conseguí tener algo que dar: ¡el regalo sagrado y divino de mi feminidad!
-¿Y cómo da usted ese regalo?
Disfruto de las formas, celebro mis formas, siento y honro mi útero, soy consciente de su sabiduría, que es la de la naturaleza creadora... Siento a la diosa: he evaporado todo miedo a vivir, ¡me reconecto con el poderoso fluir de la vida! Estoy a gusto, así que ahora estar a mi lado es agradable. Eso es verdad. Y por eso imparto talleres para inspirar en las mujeres su feminidad, para que experimenten a sudiosa interior: danzamos, visualizamos, nos expresamos corporalmente, sanamos nuestra feminidad malherida... Y, ya féminas conscientes, identificamos y activamos nuestros arquetipos femeninos.
-¿Qué arquetipos son esos?
En cada mujer predomina un arquetipo de diosa: saberlo nos ayuda a conocernos mejor... y a respetarnos entre mujeres. Es que, si no, ¡una mujer Atenea despreciará siempre a una mujer Afrodita...!
-¿Las diosas de la mitología griega?
Atenea, Afrodita, Artemisa, Deméter, Perséfone, Hera, Hestia... Cada una de estas diosas griegas simboliza un aspecto de la feminidad. Y cada mujer las contiene a todas..., pero en cada mujer habrá siempre alguna de estas diosas que mande. ¡Así que conviene identificarla, ser muy consciente de ella!
-¿Cuál manda en usted?
Afrodita, diosa de la sensualidady del amor, conectada a la belleza de la vida. Yo siento mucho, no soy nada reseca: soy jugosa y hago jugosa la vida.
-¿Es usted –perdóneme– casquivana?
Lo sería una Afrodita inconsciente: se enamora del hombre inapropiado, se desenamora, se vuelve a enamorar de otro inapropiado..., y sufre. Yo no: soy Afrodita consciente, es decir, completa ya por mí misma.
-¿Y cómo es la diosa Atenea?
La planificadora, empresaria, negociante, mental... Una mujer no consciente del predominio de su Atenea corre un riesgo: desconectarse de su propio cuerpo.
-¿Y cómo opera la diosa Deméter?
Es la madraza cuidadora, acogedora, nutridora, protectora. Y la mujer no consciente de su Deméter puede acabar reduciendo su vida a sus hijos..., dañándose a ella y a ellos.
-¿Y si manda la diosa Perséfone, qué?
La mujer será hipersensible, intuitiva, casi ingenua, encantadora, complaciente... y, si no es consciente de ello, fácilmente víctima.
-¿Y qué tal se porta Artemisa?
Es defensora de débiles y sanadora, muy independiente: la mujer consciente de su Artemisa es sabia. Pero, si no lo es, puede acabar por olvidarse de entregarse al amor.
-¿Y qué me dice de la diosa Hera?
Hace de una mujer la esposa ideal (en su rol social de lealtad intachable), pero corre un riesgo: olvidarse de nutrir al hombre que hay en su marido. Y este hombre, claro, acabará encontrando una Afrodita por ahí...

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Entrevista: Mónica Garaycoechea, entrenadora de la feminidad :: Comentarios
La tía está un poco pasada de vueltas, pero no por eso deja de tener algo de razón.
Veo que tiene razón, pero me deja un poco descolocada con tanta diosa griega, será por las connotaciones de la palabra "diosa" en estos contextos, y precisamente creo que ella lo que pretende es activar la diosa interna femenina alejándola del concepto del mero objeto sexual.
Es bonito lo que dice, pero me da la impresió de que no se aburre, voy a buscar información sobre ella. 

A eso me refería con que iba pasada de vueltas. Ha hecho un negocio de ello y tiene que hacer márketing, y en muchas terapias de esas "reveladoras" se hace mucha referencia a los clásicos, mitologías y demás, que en el fondo es de lo que va todo. A ella quizá se le metió demasiado en la cabeza.fairy escribió:Veo que tiene razón, pero me deja un poco descolocada con tanta diosa griega, será por las connotaciones de la palabra "diosa" en estos contextos, y precisamente creo que ella lo que pretende es activar la diosa interna femenina alejándola del concepto del mero objeto sexual.
En cualquier caso, si ahora está mejor que antes, es para tenerlo en cuenta.
La vida laboral hace estragos.
Ay mi madre!
Que no tenía nada que dar. ¡Sólo pedía!
Ay mi madre!
Res escribió:La tía está un poco pasada de vueltas
Sí
Un poco no,una pasada.Pero seguro que se forra con sus charlatanerías
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