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LAS MASCARAS DEL TIMIDO (artículo)
Foro FS :: Relacionados :: Timidez
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LAS MASCARAS DEL TIMIDO (artículo)
Aquí un artículo sobre la timidez y la fobia social sacado del correo digital:
Las máscaras del tímido
Quienes han aprendido a convivir con el ridículo, a reírse de sí mismos, a relativizar la repercusión de sus palabras y sus actos, pocas veces se sienten atenazados por el apuro
«No te crees enemigos, pero sobre todo no te crees enemigos tímidos», advirtió en sus 'Pensamientos' el perspicaz moralista La Beaumelle. Y es que la timidez engendra en muchos de quienes la padecen una suerte de resentimiento difuso que provoca reacciones inesperadas. El tímido se encoge en presencia de los otros; pero cuando está acorralado puede actuar como las bestias heridas. ¿Quién no se ha sorprendido alguna vez al ver cómo una persona apocada o de natural retraído repentinamente monta en cólera con un furor inusitado? El hecho de que las personas tímidas tiendan a evitar a los demás y a escapar de situaciones donde se creen expuestas a la inquisidora mirada ajena no garantiza que siempre vayan a reaccionar de igual manera. A veces una suerte de mecanismo de compensación lleva a los tímidos a comportarse agresivamente.
El tímido puede descargar su frustración sobre personas más débiles que él para desquitarse de su propia debilidad. En otras ocasiones experimenta arrebatos de euforia incontrolada que lo hacen irreconocible, como la 'mosquita muerta' que en una fiesta acaba dando la nota como si en vez de tímido fuese un redomado exhibicionista. La timidez tiene muchas máscaras, quizá porque no se proyecta tanto en las grandes decisiones de la vida como en aquellas situaciones que tiene algo de representación.
Pero en el saco de la timidez metemos demasiadas cosas. No es lo mismo ruborizarse a los quince años al cruzar una mirada con el chico o la chica de tus sueños que no salir de casa por la imposibilidad de mantener la menor relación con la gente, como sucede en los casos más acentuados de fobia social. Hay tímidos encantadores que han hecho de su debilidad un atractivo personal y otros hoscos, huraños, que actúan siempre a la defensiva.
El adjetivo 'tímido' proviene del verbo latino 'timeo' ('tener miedo'). En principio la timidez sería, por tanto, una manifestación del miedo a los demás. El tímido es el que, o bien se deja vencer por ese miedo y adopta ante él respuestas de evitación, o se resigna a vivir con sus temores y con los malos tragos que de vez en cuando le ocasiona. La fobia social es un miedo más persistente y acentuado que se manifiesta en respuestas de ansiedad, de crisis de angustia o pánico, de pensamientos anticipatorios negativos.
Pero en todos los casos subyace un fondo de ideas sobrevaloradas acerca de los otros y también -por paradójico que parezca- acerca de uno mismo. Son ideas que se van forjando en las etapas de desarrollo más propensas a la inseguridad, especialmente en la adolescencia. El sujeto va enfrentándose a desafíos novedosos que le plantean interrogantes acerca de su propia condición. Da demasiada importancia a la opinión ajena, desarrolla un acentuado sentido del ridículo, se ve continuamente sometido a la evaluación ajena, y eso le amilana. Sin embargo, puede haber en la timidez un punto de egocentrismo. «La causa más frecuente de la timidez es una opinión excesiva de nuestra propia importancia», hizo notar Samuel Johnson. Quienes han aprendido a convivir con el ridículo, a reírse de sí mismos, a relativizar la repercusión de sus palabras y sus actos, pocas veces se sienten atenazados por el apuro o la parálisis del tímido. Se comportan más relajadamente porque saben que sus preocupaciones acerca del qué dirán les importan generalmente muy poco a aquellos de cuya opinión está pendiente.
No sólo se puede convivir perfectamente con la timidez, siempre que no alcance dimensiones patológicas: se le puede sacar partido. ¿Qué es el rubor sino una señal física de aviso que nos hace ponernos alerta ante situaciones imprevistas? Si no fuéramos capaces de sentir vergüenza ante otras personas por grandes o pequeños motivos, es probable que desatendiéramos aspectos de las relaciones humanas muy positivos. Andaríamos desaseados, olvidaríamos comportarnos de acuerdo con las reglas de la cortesía, acabaríamos tal vez rechazados por nuestra sociedad.
Echemos un vistazo, pues, a las cualidades del tímido. De entrada, es prudente. Como tiene miedo a equivocarse, no actúa irreflexivamente sino que sopesa sus decisiones. Es observador; al contrario que los extravertidos impetuosos que pasan a la acción sin más preámbulos, el tímido ve y escucha atentamente. Tal vez eso explique el hecho de que muchos grandes creadores (desde Marcel Proust hasta Woody Allen) y científicos (como Albert Einstein) fueran tímidos declarados. El tímido es, por otra parte, una víctima de la presión social que le conmina a ser más decidido, más abierto, menos retraído. Pero al tener que protegerse de ella desarrolla un mayor sentido crítico, una autonomía de pensamiento que le concede mayor libertad en otros sentidos. Se ha comprobado asimismo que en determinados trabajos que requieren concentración y sentido de la precisión los tímidos tienden a dar mejor resultado que los desenvueltos.
Con vergüenza, ni se come ni se almuerza, sentencia el proverbio popular. La timidez paraliza, retiene y anula. Nadie desearía para sí o para los suyos el destino de esos jóvenes 'hikikomori' japoneses que se aíslan del exterior parapetados durante años y años entre las paredes de su habitación. Pero, junto a la timidez pusilánime que incapacita y anula, hay otra timidez creativa, virtuosa y agradecida. La cuestión es saber dominar la primera y acomodarse de buen grado a la segunda.
Las máscaras del tímido
Quienes han aprendido a convivir con el ridículo, a reírse de sí mismos, a relativizar la repercusión de sus palabras y sus actos, pocas veces se sienten atenazados por el apuro
«No te crees enemigos, pero sobre todo no te crees enemigos tímidos», advirtió en sus 'Pensamientos' el perspicaz moralista La Beaumelle. Y es que la timidez engendra en muchos de quienes la padecen una suerte de resentimiento difuso que provoca reacciones inesperadas. El tímido se encoge en presencia de los otros; pero cuando está acorralado puede actuar como las bestias heridas. ¿Quién no se ha sorprendido alguna vez al ver cómo una persona apocada o de natural retraído repentinamente monta en cólera con un furor inusitado? El hecho de que las personas tímidas tiendan a evitar a los demás y a escapar de situaciones donde se creen expuestas a la inquisidora mirada ajena no garantiza que siempre vayan a reaccionar de igual manera. A veces una suerte de mecanismo de compensación lleva a los tímidos a comportarse agresivamente.
El tímido puede descargar su frustración sobre personas más débiles que él para desquitarse de su propia debilidad. En otras ocasiones experimenta arrebatos de euforia incontrolada que lo hacen irreconocible, como la 'mosquita muerta' que en una fiesta acaba dando la nota como si en vez de tímido fuese un redomado exhibicionista. La timidez tiene muchas máscaras, quizá porque no se proyecta tanto en las grandes decisiones de la vida como en aquellas situaciones que tiene algo de representación.
Pero en el saco de la timidez metemos demasiadas cosas. No es lo mismo ruborizarse a los quince años al cruzar una mirada con el chico o la chica de tus sueños que no salir de casa por la imposibilidad de mantener la menor relación con la gente, como sucede en los casos más acentuados de fobia social. Hay tímidos encantadores que han hecho de su debilidad un atractivo personal y otros hoscos, huraños, que actúan siempre a la defensiva.
El adjetivo 'tímido' proviene del verbo latino 'timeo' ('tener miedo'). En principio la timidez sería, por tanto, una manifestación del miedo a los demás. El tímido es el que, o bien se deja vencer por ese miedo y adopta ante él respuestas de evitación, o se resigna a vivir con sus temores y con los malos tragos que de vez en cuando le ocasiona. La fobia social es un miedo más persistente y acentuado que se manifiesta en respuestas de ansiedad, de crisis de angustia o pánico, de pensamientos anticipatorios negativos.
Pero en todos los casos subyace un fondo de ideas sobrevaloradas acerca de los otros y también -por paradójico que parezca- acerca de uno mismo. Son ideas que se van forjando en las etapas de desarrollo más propensas a la inseguridad, especialmente en la adolescencia. El sujeto va enfrentándose a desafíos novedosos que le plantean interrogantes acerca de su propia condición. Da demasiada importancia a la opinión ajena, desarrolla un acentuado sentido del ridículo, se ve continuamente sometido a la evaluación ajena, y eso le amilana. Sin embargo, puede haber en la timidez un punto de egocentrismo. «La causa más frecuente de la timidez es una opinión excesiva de nuestra propia importancia», hizo notar Samuel Johnson. Quienes han aprendido a convivir con el ridículo, a reírse de sí mismos, a relativizar la repercusión de sus palabras y sus actos, pocas veces se sienten atenazados por el apuro o la parálisis del tímido. Se comportan más relajadamente porque saben que sus preocupaciones acerca del qué dirán les importan generalmente muy poco a aquellos de cuya opinión está pendiente.
No sólo se puede convivir perfectamente con la timidez, siempre que no alcance dimensiones patológicas: se le puede sacar partido. ¿Qué es el rubor sino una señal física de aviso que nos hace ponernos alerta ante situaciones imprevistas? Si no fuéramos capaces de sentir vergüenza ante otras personas por grandes o pequeños motivos, es probable que desatendiéramos aspectos de las relaciones humanas muy positivos. Andaríamos desaseados, olvidaríamos comportarnos de acuerdo con las reglas de la cortesía, acabaríamos tal vez rechazados por nuestra sociedad.
Echemos un vistazo, pues, a las cualidades del tímido. De entrada, es prudente. Como tiene miedo a equivocarse, no actúa irreflexivamente sino que sopesa sus decisiones. Es observador; al contrario que los extravertidos impetuosos que pasan a la acción sin más preámbulos, el tímido ve y escucha atentamente. Tal vez eso explique el hecho de que muchos grandes creadores (desde Marcel Proust hasta Woody Allen) y científicos (como Albert Einstein) fueran tímidos declarados. El tímido es, por otra parte, una víctima de la presión social que le conmina a ser más decidido, más abierto, menos retraído. Pero al tener que protegerse de ella desarrolla un mayor sentido crítico, una autonomía de pensamiento que le concede mayor libertad en otros sentidos. Se ha comprobado asimismo que en determinados trabajos que requieren concentración y sentido de la precisión los tímidos tienden a dar mejor resultado que los desenvueltos.
Con vergüenza, ni se come ni se almuerza, sentencia el proverbio popular. La timidez paraliza, retiene y anula. Nadie desearía para sí o para los suyos el destino de esos jóvenes 'hikikomori' japoneses que se aíslan del exterior parapetados durante años y años entre las paredes de su habitación. Pero, junto a la timidez pusilánime que incapacita y anula, hay otra timidez creativa, virtuosa y agradecida. La cuestión es saber dominar la primera y acomodarse de buen grado a la segunda.

alzheimer2- Miembro habitual

-

Mensajes: 1726
Edad: 82
Tengo: Ansiedad

Re: LAS MASCARAS DEL TIMIDO (artículo)
Está bien el artículo, gracias.

Lilica- Miembro habitual

-

Mensajes: 1123
Edad: 78
Tengo: No lo sé

Re: LAS MASCARAS DEL TIMIDO (artículo)
Esta bueno el articulo.
Hay que sacarle partido la la timidez
Pero esta parte no me convencio.
El Timeo
Hay que sacarle partido la la timidez
Pero esta parte no me convencio.
No sólo se puede convivir perfectamente con la timidez, siempre que no alcance dimensiones patológicas: se le puede sacar partido. ¿Qué es el rubor sino una señal física de aviso que nos hace ponernos alerta ante situaciones imprevistas? Si no fuéramos capaces de sentir vergüenza ante otras personas por grandes o pequeños motivos, es probable que desatendiéramos aspectos de las relaciones humanas muy positivos. Andaríamos desaseados, olvidaríamos comportarnos de acuerdo con las reglas de la cortesía, acabaríamos tal vez rechazados por nuestra sociedad.
El Timeo

Polanco- Me empieza a interesar

-

Mensajes: 45
Re: LAS MASCARAS DEL TIMIDO (artículo)
Excelente articulo, muy bueno realmente.
justicia- Toc toc, se puede?
-

Mensajes: 1
Re: LAS MASCARAS DEL TIMIDO (artículo)
Un artículo muy acertado. Los tímidos a veces podemos llegar a ser imprevisibles.
Ultreya!


Re: LAS MASCARAS DEL TIMIDO (artículo)
Sí, es verdad, yo he sido víctima de gente tímida, que en su deseo de "practicar" técnicas de mejora de autoestima, me han utilizado como objeto descargante, es por esto que yo no considero que estas personas sean mejores personas que los que no lo son. Pienso que si deben desahogarse es con gente que les ha hecho daño, no con los que son "aún peores" que ellos. Se puede decir que he sido "chuleada" por gente tímida. Que cada uno saque sus conclusiones.

crisi22- Esto... Yo pasaba por aquí
-

Mensajes: 10
Edad: 42
Re: LAS MASCARAS DEL TIMIDO (artículo)
"Da demasiada importancia a la opinión ajena..."
Me llega mucho esta frase
"Sin embargo, puede haber en la timidez un punto de egocentrismo. «La causa más frecuente de la timidez es una opinión excesiva de nuestra propia importancia»..."
Ultimamente habìa pensado en esto, tal vez tenga que ver con esa perfecciòn que pretendemos lograr en todo
Me llega mucho esta frase
"Sin embargo, puede haber en la timidez un punto de egocentrismo. «La causa más frecuente de la timidez es una opinión excesiva de nuestra propia importancia»..."
Ultimamente habìa pensado en esto, tal vez tenga que ver con esa perfecciòn que pretendemos lograr en todo

Tetsu- Empezando a destacar

-

Mensajes: 747
Edad: 25
Empleo - Ocio: Música, trotar, lectura
Humor: Negro, Ironía
Tengo: Timidez

Re: LAS MASCARAS DEL TIMIDO (artículo)
"El tímido puede descargar su frustración sobre personas más débiles que él para desquitarse de su propia debilidad. En otras ocasiones experimenta arrebatos de euforia incontrolada que lo hacen irreconocible, como la 'mosquita muerta' que en una fiesta acaba dando la nota como si en vez de tímido fuese un redomado exhibicionista. La timidez tiene muchas máscaras, quizá porque no se proyecta tanto en las grandes decisiones de la vida como en aquellas situaciones que tiene algo de representación. "
No me gusta esta parte, no parece la descripción de un tímido, sino la de un frustado sin más, al que los demás han confundido con un tímido. Es mi opinión.
No me gusta esta parte, no parece la descripción de un tímido, sino la de un frustado sin más, al que los demás han confundido con un tímido. Es mi opinión.

fairy- Miembro VIP

-

Mensajes: 8089
Edad: 50
Tengo: Ansiedad

Re: LAS MASCARAS DEL TIMIDO (artículo)
pues yo ya no estoy tan segura de que a los timidos les importe la opinion de los demas, es decir...yo creo que he estado muchas veces con gente en la que no pasaba nada si era yo misma, y no he sido capaz. Tal vez es que yo sea un caso extremo de timidez, pero ni aun teniendo la voluntad de hablar y de estar con la gente, he podido. Creo que la timidez/fobia es algo mas lejano que el miedo a las opiniones ajenas

malapecora- Miembro habitual

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Mensajes: 2387
Edad: 23
Empleo - Ocio: perder el tiempo
Humor: negro
Tengo: No lo sé

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